Ruta de la Mitología Asturiana en el puerto de Ribadesella

El recurso está situado en el puerto de la villa de Ribadesella, a la que se accede desde la A-8 tomando la salida 326 que conduce a esta localidad por la N-632. Una vez en la población, se puede aparcar en las cercanías del puente. Desde aquí se accede cómodamente andando por el Paseo de la Princesa Leticia y, siguiendo siempre por la orilla de la ría, tras pasar por delante de la Lonja de Pescado, se continúa hacia el Paseo de la Grúa, vedado para el tráfico, en cuyo inicio se encuentran los murales al aire libre.

Utilidad didáctica

Se trata de seis murales en los que se halla condensada la historia de Ribadesella en lo que concierne a su tradición portuaria, a través de las viñetas del humorista Antonio Mingote, realizadas bajo el guión del historiador local José Antonio Silva Sastre y plasmadas en soporte cerámico por Francisco Muñiz.
La explotación didáctica del recurso puede hacerse desde el punto de vista histórico, de la educación plástica y v

Descripción

 

Es una apretada síntesis de la historia de la villa y puerto de Ribadesella, cuyo contenido es trasladable en gran medida a cualquier villa costera de fundación medieval, pues tanto las bromas como los guiños a personajes, lugares, edificios, etc., no distraen del eje central.
El primer mural se centra en la Prehistoria, periodo histórico de especial relevancia en Ribadesella, cuya cueva de Tito Bustillo, referente mundial del arte paleolítico, se encuentra aquí representada, de igual modo que las sociedades de cazadores recolectores que habitaron en su entorno y la decoraron.
El segundo mural atiende a Roma y la Edad Media. Las cuatro viñetas hacen referencia al puerto, eje central de la actividad ballenera y de la fundación de la nueva villa. El primitivo portus riosellano, utilizado comercialmente por los romanos, es el lugar sobre el que se funda la villa de Ribadesella, cuyo alfoz forman los territorios de Leduas y Melorda situados a las márgenes izquierda y derecha respectivamente. El rey Alfonso X, cuyo trono ocupa papel destacado en una de las viñetas, otorga carta de población a los habitantes de Ribadesella, entregados durante esos siglos medievales a la caza de las ballenas. En el centro del panel se representa la captura de la ballena en unos dibujos de gran dinamismo.
El tercer mural se dedica al Renacimiento. Aquí de nuevo vuelve a tener papel destacado la ballena, a través de las industrias derivadas: carne, aceite de alumbrar y varas para corsés, cuya fábrica el humorista se permite situar en Ribadesella. El mural representa una intensa actividad comercial con Castilla y Europa: importación de sal para conservar el pescado y exportación de salazones, escabechados y aceite. En posición central destaca el joven emperador Carlos V, cuando, procedente de Flandes, pisa por primera vez suelo español en 1517 y camino de la corte vallisoletana se detiene en Ribadesella, donde es agasajado.
El cuarto mural se dedica a la Guerra de la Independencia. Agustín Argüelles, el político liberal riosellano, protagonista de las Cortes de Cádiz y famoso por su brillante oratoria, se representa disertando ante las autoridades inglesas de quienes conseguirá apoyos para la rebelión asturiana contra el invasor francés. Los soldados del regimiento Ribadesella o la defensa de la villa desde lo alto de la ermita de Guía, con cuyos cañones se intentó repeler la invasión en 1810, también se representan aquí. No se ocultan los efectos de la guerra: un herido recibe atención en el hospital de San Roque, para el que se recaban donativos. 

 

El quinto mural, dedicado a la emigración del siglo XIX, representa una única escena: la despedida del barco que lleva a los emigrantes a Ultramar. Estos solamente se adivinan, pues el protagonismo corresponde a los que se quedan, una veintena de personajes que estarían situados casi en el mismo lugar que los murales despidiendo a los que se van a tierras americanas en el bergantín Habana, un velero que realizaba la ruta Ribadesella-La Habana pasada la mitad del siglo XIX. En el mural se ve el primitivo puente de madera construido en 1865 que permitía salvar con comodidad el río que separa los dos viejos territorios medievales.
El último mural, La Modernidad, lo abre el nuevo puente de hierro, inaugurado en el año 1898, que fue en su tiempo el puente metálico más largo de España; sustituyó al de madera y permaneció en pie hasta que fue destruido durante la guerra civil. La primitiva industria del turismo tiene su lugar en este mural, con aquellos primeros veraneantes que levantaban sus palacetes en el Arenal de Santa Marina. En paralelo se representa la intensa actividad en el puerto durante la primera guerra mundial, con los barcos que llevaban carbón al extranjero. Del periódico local La Atalaya y los inicios de la fiesta del Descenso del Sella en los años 30 se da un salto, obviando Guerra Civil y Franquismo, a los inicios del siglo XXI, en el que los protagonistas son un descabezado príncipe Felipe y su esposa doña Leticia, veraneante habitual en el concejo y estrechamente vinculada al mismo. 

 

 

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